16.12.09

Hechos bélicos

A 70 AÑOS DEL HUNDIMIENTO DEL ACORAZADO GRAF SPEE
En la tarde del domingo 17 de diciembre de 1939, el acorazado de bolsillo alemán Admiral Graf Spee fue echado a pique por su tripulación frente a Montevideo. Tras combatir el miércoles 13 con varios cruceros británicos, se refugió en el puerto de la capital uruguaya. Imposibilitado de reparar los daños, su comandante,Hans Langsdorff , recibió órdenes de destruir su nave. Había zarpado días antes del comienzo de la Segunda Guerra Mundial para atacar el comercio británico en el Atlántico sur, hundiendo nueve barcos mercantes. Los tripulantes del Graf Spee fueron internados en la Argentina.



El fin del último corsario, nota de Osvaldo Bayer en la edición nº 6 de la revista Todo es Historia, de octubre de 1967.

"Son las 18. Ha llegado el momento. El corsa­rio ya sale a buscar la muerte. Dejemos que un historiador inglés, Dudley Pope, testigo del dra­ma, nos relate esos momentos: 'El buque de guerra alemán habíase convertido en el centro de la atención mundial; docenas de cronistas y locutores de diversas nacionalidades habíanse congregado en Montevideo, durante los últimos tres días, y varias estaciones de radio trasrni­tían sus comentarios directamente, los que, co­mo es natural, escucháronse a bordo de los cru­ceros británicos. Para los montevideanos el do­mingo prometía ser un día dramático, en tanto la multitud agolpábase en los sitios más estratégicos. A las 18, un gran pabellón nazi fue enarbolado en el palo del trinquete del 'Gral Spee' seguido de otra bandera en el palo mayor, mientras una de sus anclas levábase lentamente. La segunda amarra levantóse del lecho del río con un sordo rumor de aguas, y casi impercepti­blemente, el acorazado de bolsillo comenzó a moverse. Para la multitud, el 'Gral Spee' parecía una visión majestuosa, ya que sin la ayuda de remolcadores, Langsdorff hízolo maniobrar hasta poner proa al mar. Luego aumentó la velocidad; y con el pabellón nazi flameando al viento, el 'Graf Spee' saltó por la escollera, en su últi­mo viaje. Quince minutos más tarde, el 'Tacoma' zarpaba siguiendo la misma ruta'.
"La multitud -continúa Pope- que ahora lle­gaba a un tercio de millón, manteníase silen­ciosa parada en los muelles, embarcaderos, es­colleras, y a lo largo de la costa, mientras el acorazado salía por la escollera hacia el canal, rumbo al sudeste. Todavía se la veía como una poderosa máquina de combate y muchospensa­ron que entraría en acción y que el rumor de su autohundimiento era sólo un ardid para despis­tar a los británicos. De pronto vieron que cam­biaba de curso. Viró a estribor hasta quedar apuntando hacia el Oeste, hacia el ocaso. ¡Se iba a Buenos Aires! Navegaba hacia el pontón Recalada, marcación del canal de entrada aBue­nos Aires, pero no había ido lejos por esta nueva ruta cuando aminoró la marcha y paró. Pero po­cas personas entre la vasta multitud diéronse cuenta que el «Graf Spee» llevaba la tripulación estrictamente necesaria, y ni aún nuestro Ser­vicio de Inteligencia británico percatóse que com­poníase de un mínimo de 43 hombres'.
En efecto. Durante todo el día, la tripulación había sido transportada al 'Tacoma'. Y Langs­dorff había previsto todo: desde Buenos Aires vinieron dos remolcadores y una chata, de ban­dera argentina.
Ahora está allí, en medio del río, con 43 hom­bres y su capitán. El oficial alemán Wattenberg cuenta así los últimos instantes: 'No puedo ni deseo decir mucho del último viaje de nuestro hermoso barco. Todos nos encontramos en nuestros puestos, solos, con nuestros pensamientos. Tampoco nuestro Capitán dijo mucho. Luego de anclarpúsose en marcha el reloj de tiempo para encender las cargas... 20 minutos de intervalo para que los marineros. y los técnicos del «Kom­mando» tuvieran suficiente tiempo para subir a una lancha y dirigirse al 'Tacoma'. A último momento, los cinco oficiales nos reunimos con nuestro Capitán en el alcázar, arriáronse la bandera y el pabellón y luego subimos a la lancha que esperaba al costado del barco."
­­ Otro oficial alemán presente, Hans Gotz, describirá así esos momentos decisivos: 'la alarma suena a bordo por última vez. Se han colocado seis cabezas de torpedos en distintas partes del barco y seis hombres, con temple de acero, han conectado losacumuladores al reloj de tiempo para que funcione a los 8 menos veinte. Estos hombres, con sus sacos de provisiones, sus sal­vavidas y sus pistolas en el bolsillo, salieron con determinación del cuarto de máquinas y de las torres de proa y de popa a la cubierta superior. El capitán Langsdorff los contó: ' uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, suban al bote (él fue el último) y adelante, rumbo a Buenos Aires". ­
El buque corsario ya está solo. Los últimos des­tellos del sol caen sobre el Río de la Plata. Son los hermosos ocasos de nuestra latitud, hermosos pero con esa tristeza muy propia de la pampa que se traslada a las aguas marrones del Plata. Elhomiguero humano de los muelles está en silencio. No se oye ni el lejano ruidos de los tranvías. De pronto, una tremenda columna de humo envuelve al navío y se eleva a más de 300 metros de altura; luego comienzan a elevarse luces de todos los destellos. Las llamaradas y las explosiones se suceden en cadena. Se ven dos cañones de once pulgadas lanzados al aire como si fueranescarbadientes.
La multitud queda atónita. La expresión es igual en todos los rostros: la boca semiabierta, la mandíbula colgando, los ojos vidriosos. Así, esa inmensa masa mira el holocausto del último corsario. Hasta que por allí alguien rompe a llorar y muchos comienzan a desahogarse. Se origina entonces un murmullo, como un rugido, la gente quiere balbucear algo. Algunos gritan. ¿Contra quién? Contra nadie ni a favor de nadie. Es un hechoinexplicable. Los seres que están allí viendo el fin de la nave sufren, les duele el hecho. Para ellos la nave no tiene nacionalidad. Es tal vez el barco romántico que ha rodeado a ese buque fantasma que emergió del medio del mara para presentarse una madrugada en Montevideo.
Luego, casi de improviso, la multitud comenzó a dispersarse con rapidez, como si la hubiera invadido un sentimiento apocalíptico, como si el sol se hubiera oscurecido de repente. O tal vez sólo era un sentimiento de vergüenza, de amargura o de desilusión por algoinexplicable."

LA BATALLA DEL RÍO DE LA PLATA







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15.12.09

Automovilismo

A 20 AÑOS DE LA MUERTE DE OSCAR ALFREDO GÁLVEZ
El 16 de diciembre de 1989, falleció el histórico piloto de Turismo Carretera Oscar Alfredo Gálvez, quien fuera campeón de la categoría en cinco ocasiones -entre otros logros importantes- El recuerdo de sus inicios en la disciplina, en la nota publicada por el diario La Nación el 5 de agosto de 1997 bajo el título El primer vuelo del Aguilucho.



"Sin traicionar uno solo de sus recuerdos, la palabra de Oscar Alfredo Gálvez volvería a recorrer el episodio una y otra vez, ordenando: 'En aquel entonces, el diario El Mundo costaba 5 centavos. Yo había leído, un mes antes, que el Automóvil Club Argentino iba a hacer correr un Gran Premio. ¿Sabés cómo me tenían los muchachos de las picadas?: 'Tito -me decían cada noche-, con lo que vos sabés de la preparación de los motores y tu manejo, tenés que ganarles a los viejos...'
Oscar cuidaba permanentemente que sus palabras no tomaran caminos de interpretación equivocados. Arturo Kruuse (por el que Oscar sentía auténtica admiración), Ricardo Carú, Ernesto Blanco, Antonio Pereyra, Emilio Karstulovic... 'Aquellas eran las las figuras de un tiempo en el que salir a correr era comenzar una auténtica aventura. ¿La verdad? yo no había pensado en ganarles. A mi lo que me interesaba era correr...'. Y los ojos de Oscar ese perdían en un recodo de su juventud esforzada de taller y sacrificio, mientras la cabeza, por un momento, repasaba.
La primera carrera
5 de agosto de 1937. Oscar no tenía dinero. Intentaba hacer una rifa que no compraba nadie. Necesitaba siete cubiertas; cada una costaba 70 pesos. La necesidad hereje lo llevaba a consultar el proyecto con el padre de uno de sus amigos, Horacio Mariscal.
El coche -el 'Forcito'- estaba listo. Una cupé modelo 35 que tenía para pasear, 'apta para todo servicio'.
'¿Sabés que era tan fuerte que si caía de un 5° piso no se rompía?' Y el asombro le iluminaba una mirada que era su escudo. La mirada de Oscar siempre fue aval para su palabra. Usted lo miraba a los ojos y él no necesitaba decir más, porque absolutamente todo, estaba allí. Sin sombras. Sin segundas intenciones. Con la pureza que lo protegía hasta de sus propios errores. El señor Mariscal acercaría las siete cubiertas. La primera etapa del Gran Premio llegaba a Santa Fe, después de pasar por Rosario, antes, y por Córdoba, después. En el sorteo, aquel piloto desconocido -'casi un pituco porteño de bigote finito y sonrisa permanente', según describían las crónicas 'especializadas' de un tipo distinto- había recibido el número 58.
La fotografía tomada en el sellado guardaría para la memoria perpetua la imagen de aquel muchacho de mameluco blanco y cinturón de cuero, en compañía de Horacio Mariscal (insobornable traje con chaleco) haciéndole marco al número 58 pintado en el generoso radiador del Ford V8.
'¿Quién tenía frío?'
'Era invierno -recordaba Oscar-, pero yo no me equivocaba cuando le bajaba la capota para ir más rápido. ¿Frío? ¿Tenía calor! El entusiasmo no me dejaba sentir frío. Entramos a pasar autos. El Forcito estaba bien preparado; yo no tenía límites. Me ayudaban las referencias de los coches que íbamos dejando atrás. ¡Mirá cómo habremos caminado, que hasta Rosario yo le ponía para los 361 kilómetros, 3h1m1s... ¡Sabés cuánto le sacamos a Carú?: 3m27s. Y al famoso Padrazzini, que llegaba tercero, 3m35s... ¿Y qué pilotos teníamos atrás: 'Hipómenes', Pedro Pablo Orsi, Roberto Lazano, McCarthy, Ricardo Risatti! ¡Mamita!'
'Todos hablaban de un tapado. El tapado era yo...'
Oscar Gálvez y su prodigiosa habilidad acababan de entrar en la gloria, disparado a 119,756 km/h. Tres horas y un minuto para ir a Rosario, 60 años atrás. Imaginense ustedes.
La palabra de Oscar, enemiga de la petulancia más chica, continuaba: 'Mi acompañante me decía cada tanto: 'Tito, ¿no te parece que tendrías que levantar un poco? Mirá que la carrera es larga...'. Yo pensé que tenía razón y le hacía caso, ¿Sabés que por 29s me perdí de hacer el récord a Córdoba? Pedrazzini empleaba 5h59m36s; yo terminaba segundo con 6h5s...'
Después, 'aquel pituco' que nunca había caminado por la tierra se perdía camino de Córdoba. Más adelante, su prodigiosa memoria despreciaría un hecho consignado en la crónica de aquel primer inolvidable día. Pinchaba una cubierta. Igual terminaba 6° la primera etapa de su vida, cuando mucha gente masticaba, como una preciosa golosina, el sabor de un apellido nuevo: Gálvez. Aquella noche, en el hueco de Córdoba, gente grande y buena le recomendaba prudencia. ¿Se le puede pedir a un cóndor que no vuele?
Las dos carreras
Al otro día se apuntaba a Corrientes. Para él, una ruta desconocida. Igual el pie contra la tabla. A fondo. Agarraba una hondonada, donde el Forcito remontaba como una pluma, a favor de la capota bajada para vencer mejor al viento (aunque todavía la señorita aerodinámica era una mujer que no estaba al alcance de los intuitivos corredores de aquel tiempo).
El coche se desgobernaba; andaba más de costado que nunca y se desembarazaba progresivamente de sus tripulantes. Primero, de Mariscal. Después, de Oscar. Los dos iban sueltos porque, ¿quién sabía de cinturones? El Forcito seguía encabritado un rato más, antes de detenerse. Abollado por la heroica travesura de su piloto, cuando éste peleaba el primer puesto...
El camino quedaba vacío del coche 58. La historia reclutaba a un gigante.
El propio Oscar repasaría aquel momento, mil veces más.
'¿Sabés que pudimos arreglar, pero que llegábamos fuera de hora al control? En mi taller de la calle Gaona, después dejamos al Forcito como si no hubiera corrido. Los muchachos de las picadas no me hicieron una sola broma. Yo le decía a Juancito que todavía no corría conmigo por la edad: 'En la próxima, ganamos'.
Oscar ignoraba en aquel lejano 1937 que paradójicamente había empezado a ganar en las carreras de autos. Como en la vida."


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Tenis

A 35 AÑOS DEL MASTERS GANADO POR VILAS
El 15 de diciembre de 1974, el argentino Guillermo Vilas derrotó al rumano Illie Nastase por 7-6, 6-2, 3-6, 3-6 y 6-4 y se adjudicó la 5° edición del Masters, disputado en Melbourne, Australia. "Ni siquiera pensé en el dinero. Yo a Australia fui a jugar al tenis, a demostrar que estaba entre los mejores del mundo y lo logré", declaró el tenista luego del triunfo que le dejó una ganancia de cien mil dólares.







Nota publicada en El Gráfico nº 2880, del 18 de diciembre de 1974.

"'Yo sabía que todo sería tremendamente difícil. Por el lugar, las canchas y los rivales. Se supone que si alguien llega a jugar el Masters es porque realmente juega muy bien al tenis, así que no se podía considerar rival flojo a nadie. Aparte del tipo de piso que no es el que yo mejor manejo. Por eso preferí irme con tanta anticipación y además acompañado por Juan Carlos Belfonte, mi preparador físico. Un hombre al que le debo mucho de todo esto. Porque él sabe cómo llevarme, cómo hacerme descansar, cómo sacarme el tenis de la cabeza para poder relajarme. Aparte vino Manolo Orantes, con el cual tenía un jugador de primer nivel para poder entrenarme.
'La semana anterior al torneo fue decepcionante. Realmente, todo salía mal. Primero las canchas, que no eran iguales a ninguna de las de césped que yo había conocido. El césped estaba bastante largo y ello las hacía bastante lentas, en comparación a las de Wimbledon, por ejemplo. Con Belfonte nos hicimos un plan de trabajo que realizamos al pie de la letra. Jugué unas cinco horas diarias y aparte hacíamos dos horas de gimnasia. Por la noche salíamos a correr un rato para despejarme y no pensar exclusivamente en el tenis. Sin embargo las cosas no iban bien.
'No sé si por el tipo de canchas o qué, comencé a perder juego. En cinco días de entrenamiento no puede ganarle a Manolo ni un solo set. Estaba sacando muy mal, con cualquier cantidad de dobles faltas y mucha inseguridad. Aparte, la volea tampoco funcionaba, por lo que me preocupé bastante. Incluso hablé con Neal Fraser -famoso jugador australiano ganador de Wimbledon y técnico del equipo australiano de la copa Davis- para cambiar el saque o buscar la forma de solucionar los errores. Me dijo que no había tiempo para cambiarlo y poder practicarlo, así que hicimos lo único posible: practicar a muerte. Dediqué todo un día al saque. Fue lo único que hice, corrigiendo las cosas después de cada movimiento. Así logré volver a entrarle bien a la pelota y tener precisión. Al día siguiente hice lo mismo con la volea. Creo que en esos dos días recuperé mi confianza y me pude asentar. Aunque me preocupó el sorteo de los grupos. A mi me tocó el peor, con Newcombe, que era local y jugaba en canchas que él conoce perfectamente, y que además, me había ganado ajustadamente la única vez que nos enfrentamos en Lousville en el 73, además de Björn Borg, con el que nos conocemos mucho, y Parun que estaba jugando muy bien y a Borg le había costado ganarle en Adelaide.
'Para mi sorpresa las canchas se fueron haciendo cada vez más rápidas. Lo que pasaba era que todo los días le cortaban un poco el césped y entonces cambiaban. Sólo una vez pudimos con Orantes practicar en la central, que tiene tres canchas y una capacidad para 12.000 espectadores, aunque durante el certamen nunca estuvo lleno. Los diarios que dedicaba varias páginas al torneo lo daban como candidato a Newcombe junto con Nastase. Llegó el primer partido y comencé algo flojo ante Newcombe. Yo pensé que él sería un ídolo aquí, pero como es de Sidney en Melbourne no lo quieren mucho. Algo así como porteños y provincianos en la Argentina. De cualquier manera lo alentaron bastante y se me fue arriba por 2-1. Pero yo jugué EL MEJOR PARTIDO DE MI VIDA EN CÉSPED. Realmente me salieron todas en un partido que fue durísimo. Saqué muy bien y jugué exacto en las devoluciones de saque, que eran fundamentales para que él no ganara la red. Gané el primero 6-4 y en el segundo estuvimos game y game, jugando muy bien los dos. Llegamos al tie-break 7-2 y el partido. El primer paso, el más difícil, había salido bien. Me concentré mucho para ello y quedé algo preocupado porque generalmente después de un esfuerzo así, uno baja la guardia inconscientemente. Pero sabía que contra Borg el partido sería definido en el primer set. Siempre nos pasa lo mismo. Nos conocemos tanto que el primero es peleadísimo y quien lo gana porque ese día andaba mejor o tiene más suerte, después se lleva el partido. Y fue así. Empezamos pegando unos «palos» terribles y ganando cada uno su saque. Pero él falló un par de voleas y cometió una doble falta que me permitieron ganarle un saque y tener la pequeña pero necesaria ventaja para vencerlo. Gané 7-5 y después, como preveía, el segundo fue fácil por 6-1. Sólo quedaba Parun. Aunque sólo necesitaba ganar un set para clasificarme salí a triunfar, pero me encontré con que el neocelandés jugó muy bien en la red. No perdió una volea y el partido se hizo durísimo. Yo cometí bastantes errores, creo que hice como doce dobles faltas, y recién pude ganar en el tercero 11-9. Fueron dos horas y media de jugar que me dejaron bastante cansado para las semifinales. En realidad no me preocupé mucho por quien me tocara. Era lo mismo. Fue Ramírez y allí sí que tuve que moverme. No sé exactamente cuántos grados hacía dentro de la cancha, pero era imposible jugar. En algunos momentos creí que me desmayaba. Me mojé la cabeza con agua y la reacción fue peor. No sé si hubiera podido jugar un set más. Hubiera sido desesperante perder ese cuarto set. Era tal el cansancio que en el penúltimo game veía todo amarillo. Además había viento, y en ese estadio, como hay tres canchas, se arremolina y es difícil controlar la pelota. Nunca se tiene viento a favor o en contra y cuando se juega en las canchas laterales el público está muy próximo y es difícil poder concentrarse por los ruidos. Pero estaba en la final. Con Nastase, con quien nos habíamos ganado una vez cada uno. Yo en Toronto y él en Madrid. Sólo faltaba el último esfuerzo y tenía gran confianza.
'En la final había cerca de 6.000 espectadores y me alentaron mucho. Estaba más conmigo que con Nastase. Fue un partido excelente y traté de jugar largo, profundo, para que no pudiera llegar a volear cómodo, cosa que él hace muy bien. Además, me concentré terriblemente para que todos sus trucos de palabrerío no me pusieran nervioso. Por momentos logré hacer lo mío y le gané los dos primeros sets. Después él mejoró su devolución de saque y me presionó constantemente. El partido duró más de dos horas y media, pero no me cansé en absoluto, lo que indica el buen trabajo de Belfonte. Llegamos al quinto muy parejos. Me pareció que él sí estaba algo cansado y lo ataqué constantemente sacando muy bien. Conseguí quebrarle el saque y ponerme 5-4. Era la oportunidad y no la dejé escapar. Nunca me sentí más contento en mi vida. Me imaginé Buenos Aires, la gente de mi club, mis amigos. Qué alegría. Ni siquiera pensé en el dinero. Yo a Australia fui a jugar al tenis, a demostrar que estaba entre los mejores del mundo y lo logré. Qué mejor alegría. Todavía me parece escuchar los cantos de la gente en la tribuna, los aplausos. Todavía me duele el abrazo que me dio Belfone...'."


IMÁGENES DE LA VICTORIA DE VILAS EN EL MASTERS DE 1974



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11.12.09

Fútbol

A 40 AÑOS DEL BOCA CAMPEÓN DE ALFREDO DI STEFANO
El 14 de diciembre de 1969 Boca Juniors ganó el campeonato Nacional dirigido por uno de los grandes futbolistas de la historia de River Plate: Alfredo Di Stefano. Ese día, en la última fecha del torneo, empató 2 a 2 en el estadio Monumental con su clásico rival y se adjudicó el certamen al sumar 29 unidades, contra las 27 de San Lorenzo y River. Así, por primera vez, un equipo xeneize pudo dar la vuelta olímpica en la cancha de su histórico adversario. El recuerdo de ese partido, extraído del libro Boca, 100 años. Un sentimiento, publicado por el diario Clarín.



LA REVOLUCIÓN DEL MUÑECO MADURGA

"El Hombre acababa de llegar a la Luna. Los Beatles, a esa altura, ya sonaban en todo el mundo. Fue el año del Cordobazo, aquel movimiento social que estalló en plena dictadura de Onganía. Se estaban yendo aquellos locos años sesenta cuando Boca volvió a exhibir su alarido de campeón. Fue por el torneo Nacional. Con Alfredo Di Stéfano como técnico. Y con el Loco Rubén Sánchez ocupando más partidos en el arco por la lesión del legendario Tano Roma. Con la clase, con esa enorme categoría que tenía el peruano Meléndez para quitar y para salir jugando desde el fondo. Con la firmeza de Rogel (por si acaso, ahí estaba esa roca defensiva: Miguel Alberto Nicolau). Y la luz de Marzolini. Y el aporte de Medina. Y Norberto Rubén Madurga, el Muñeco; y Ángel Clemente Rojas, Rojitas para todo el mundo... ¡Qué constelación de estrellas! ¡Y qué final! ¡Qué mejor escenario que el Monumental para que el mundo boquense se pudiese dar la vuelta olímpica! Pareció una película escrita y dirigida por algún antiguo duende del Riachuelo...
De los doce primeros partidos que disputó, Boca ganó once y empató uno. Despachó por igual a grandes y chicos, de local o visitante. Y construyó goleadas ante Talleres de Córdoba (6-0) y San Martín de Tucumán (4-0). Hasta que el 16 de noviembre un tal Achával, vestido de jugador de San Martín de Mendoza, enmudeció a una Bombonera incrédula y el silencio se expandió por todo el barrio de La Boca. San Lorenzo y River galopaban al compás de sus esperanzas, también. Querían el título igual que Boca. Encima, en la fecha siguiente, hubo que viajar a Santa Fe y apenas se pudo empatar 1-1 con Unión. Se le ganó a Quilmes (3-0 con tres goles de Rojitas), Huracán (1-0) y a Independiente (2-0). Y llegó el desenlace. Boca estacionó sus ambiciones en el andén de la última fecha con dos puntos de ventaja. Pero, claro, tenía que visitar nada menos que al rival de toda la vida aquel 14 de diciembre de 1969. Era la primera vez en toda la historia del profesionalismo que Boca y River llegaban a la última fecha de un certamen con chances de ser campeones. La fiesta podía coquetear con ambos, entonces era a todo o nada. Y fue todo para Boca. Festejo, desahogo y consagración. Y nada para su anfitrión. Los empleados de River abrieron el sistema de riego para que un Boca 'pasado por agua' fuese el protagonista de la vuelta olímpica. Pero a nadie le importó. Fue, en definitiva, una demostración evidente de la importancia que había invadido a todo River. Fue un motivo más para acrecentar la satisfacción xeneize...
Savoy metió un pelotazo largo en el arranque del partido, llegó Madurga por sorpresa y Perico Pérez, el uno de River, no lo pudo impedir. Uno a cero. Después, otra vez el Muñeco llegó para convertir tras un pase de Rojitas. Dos a cero. El título estaba en el bolsillo dorado y azul. Sin embargo, apareció un pizca de suspenso para condimentar el epílogo de esta historia. Porque Pinino Mas y Marchetti inclinaron el resultado hasta el empate. Dos a dos. Y Boca pareció torcerse. Pero no se dobló. Aguantó los tramos finales del clásico con estoicismo. Y salió campeón. Y dejó su sello indeleble ese equipo generoso. Que no se guardó nada. Ni juego ni alma.
Tuvo jerarquía en Meléndez y Marzolini y carácter en Suñé y Rogel. Tuvo calidad en Novello y la aureola de los elegidos en Rojitas. Inquietó por afuera con Mané Ponce y con el Chango Peña. Llegó con centros y cabezazos pero también por sorpresa, con Madurga como abanderado. Un equipo equilibrado, bien balanceado, solidario, adulto, eminentemente ofensivo. Un equipo sin fisuras fue el Boca ganador de su primer torneo Nacional. Por eso, sin dudas, se adjudicó ese premio tan codiciado: llegar a ser el eje de un grato recuerdo. Perdurar, pese a todo."

PRIMER GOL DE MADURGA



SEGUNDO GOL DE MADURGA

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10.12.09

Política internacional

HACE 20 AÑOS CHILE INICIABA LA VUELTA A LA DEMOCRACIA
El jueves 14 de diciembre de 1989 fue elegido presidente de Chile el democristiano Patricio Aylwin. El candidato de la Concertación de Partidos por la Democracia obtuvo el 55,2% de los votos y derrotó al postulante oficialista, Hernán Büchi, funcionario de la dictadura del general Augusto Pinochet. Fueron las primeras elecciones presidenciales desde 1970 y permitieron el restablecimiento de la democracia chilena tras la dictadura surgida del golpe de estado que en 1973 depuso al presidente Salvador Allende. La cobertura de la revista Acción.

Un futuro tutelado, nota de Maruja Naranjo Villalba, publicado en Acción, número 560 de diciembre de 1989.

"Paradójicamente, el triunfo de la oposición chilena en los comicios del pasado 14 de diciembre (los primeros que se realizan en 19 años), se transformó en una victoria a lo Pirro, si se hace una lectura de la representación parlamentaria obtenida por la derecha, que con un caudal no muy abultado de votos, accedió cómoda al congreso apoyándose en el espíritu de la truculenta ley que creó junto al régimen militar del general Augusto Pinochet.
Al meterse en el camino del NO, en el plebiscito del 5 de octubre de 1988, la oposición concertada de 17 partidos había logrado conquistar el derecho a la realización de elecciones por la vía pacífica, aunque este mismo hecho no consiguió derrumbar las leyes que aseguran la permanencia del régimen y de sus funcionarios de siempre. La alegría que siguió al triunfo del democristiano Patricio Aylwin, se empañó inmediatamente tras el conocimiento de que el número de legisladores derechistas seria mayor a los cálculos inicialmente previstos.
Y ese clima se notaba en cada rincón de Santiago. Sus habitantes, ávidos de la esperanza de dejar sepultada en la historia a los 16 años de dictadura militar, se sintieron, en parte, defraudados.
La ley electoral, que divide al país en 120 circunscripciones par la elección de diputados y en 38 para la de senadores, garantiza una representación binominal, que agranda ficticiamente a la bancada de la derecha, que de otra manera, en un sistema de representación proporcional, no hubiese conseguido ese sustento. Así opinó, desilusionado, el titular de la Izquierda Cristiana, Luis Maira, que a pesar de haber conquistado el 20 por ciento de los sufragios, no pudo acceder al Senado.
(...)
En lo inmediato, parecería que la coalición nacida en febrero de 1988 como alternativa a la figura del general Augusto Pinochet en el plebiscito, no se quebrará ni se diluirá en la historia. Pero la dinámica de acuerdos en el parlamento obligará al presidente electo a apoyarse en la derechista Renovación Nacional, lo que acarreará inevitables contradicciones con la izquierda de los partidos concertados, especialmente en temas delicadísimos como lo son los derechos humanos y el curso de la economía.
Patricio Aylwin prometió el 'esclarecimiento' de la verdad de lo sucedido durante 16 años de represión, como base de la reconciliación de los chilenos, doctrina que por otra parte sustenta con fuerza la Iglesia Católica, impulsada por el propio para Juan Pablo II, que durante su periplo chileno de 1987 remachó insistentemente con este discurso. El candidato triunfante también se adelantó al hablar de 'perdón', cuando se conozca la dimensión de los hechos, en lo que ya se puede aventurar un conflicto con las organizaciones humanitarias ansiosas por el ánimo de justicia.
La Concertación trabaja sobre el esquema de que no todas las Fuerzas Armadas son culpables de la represión ocurrida, lo que desliga de responsabilidades a los tutores del Estado desde 1973, y, por ende, a quienes organizaron los sistemas de seguridad que ordenaron las desapariciones, torturas, prisiones y exilios.
(...)
El general Pinochet tiene la facultad constitucional de mantenerse ocho años más como comandante en Jefe del Ejército, desde donde vigilará como 'soldado' cuál es el curso de su preciada institucionalidad. Pero, de todos modos, los civiles quedan bloqueados en ella como dentro de una camisa de fuerza, obligados a inspirarse en la derecha de Sergio Onofre Jarpa Reyes y sin todo el poder real como para hacer y deshacer a su gusto. Por lo mismo, el generalísimo no se desespera, como tampoco lo hace la cúpula del Ejército ascendida poco tiempo atrás, y ligada en su totalidad al ejercicio de la represión durante estos últimos años, como, por ejemplo, el general retirado Hugo Salas Wensel, ex titular de la Central Nacional de Información (CIN).
(...)
Durante los días que rodearon a la realización de los comicios, las calles de cada rincón de Chile se convirtieron en un desfiladero insólito de multitudes, en un país acostumbrado a la quietud por la fuerza de sus gobernantes uniformados. Las paredes registraron numerosas pintadas políticas, la gente discutía sin miedo, en todo un panorama nuevo para millones de personas que sueñan con ver partir al régimen militar y a su silencio.
Aunque en Chile hoy es tímida la esperanza, quienes vivieron con toda su magnitud la noche perpetrada por Pinochet, esperan que sus hijos, las nuevas generaciones, crezcan sin pensar en la muerte ni en el sufrimiento. En este país de hermoso mar e imponente cordillera, se ha producido, a pesar de todo, una inflexión en su historia política. La dinámica del futuro dependerá de cuánto se profundice este paso y de si se cumplen o no las promesas electorales que aseguraban que se eliminaría la infamia para siempre."
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